8/5/21

Barrowmaze - Contrato estándar de aventureros

Una de las coñas recurrentes sobre el OSR y los grupos de aventureros que juegan al estilo «vieja escuela» son los infames «contratos de aventureros». Siendo así de frecuentes deberían ser fáciles de encontrar por Internet, ¿no? Pues bien, cuando el difunto Larry quiso redactar el suyo, me encontré con que no encontraba ninguno que plagiar; apenas hallé algunos apuntes en inglés y poco más, así que redacté nuestro propio contrato estándar de grupo de aventureros, que pongo aquí para que podáis descargar y adaptar a vuestro gusto. Aviso de que está escrito deliberadamente en tono de coña, y es probable que algunas cláusulas contradigan a otras.

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3/5/21

SatS - Ficha editable de PJ

Una ficha editable para el juego Screams amongst the Stars. Esta vez ni me he molestado en traducirla, que tiene cuatro cosas.


28/4/21

Dungeon Hack - Argos

Los argos son cánidos de gran tamaño. Los ejemplares salvajes alcanzan los cuatro pies a la altura de la cruz y casi siete pies de largo, aunque los domesticados suelen ser más pequeños. Son grandes cazadores, y a menudo se les emplea como bestias de guerra, puesto que son lo suficientemente inteligentes como para ser adiestrados y aceptar órdenes. Son famosos por su capacidad de paralizar a sus presas con su reverberante ladrido.

ARGOS
Nivel 3 (N). Moral 7.
Ataques: 2 mordiscos (6) o ladrido paralizante.
Absorción 3. Salud 16.
Una vez al día, ambas cabezas pueden ladrar a la vez. Quienes se encuentren situados a menos de 30 pies (9 m.) y escuchen el ladrido deben superar una tirada de Inteligencia o quedarán paralizados durante 1d4 asaltos.

ARGOS SALVAJE
Nivel 5 (N). Moral 8.
Ataques: 2 mordiscos (6) o ladrido paralizante.
Absorción 5. Salud 24.
Una vez al día, ambas cabezas pueden ladrar a la vez. Quienes se encuentren situados a menos de 30 pies (9 m.) y escuchen el ladrido deben superar una tirada de Inteligencia o quedarán paralizados durante 1d4 asaltos.

27/4/21

Barrowmaze (sesión 9) - Liberad a Willy

Saludos, extraños.
De nuevo reunidos todos en la Puta de Bronce, en voz baja terminamos de esbozar el plan para liberar a la desgraciada criatura que había sido capturada por Krothos, mientras tratábamos de que los Cometas Rojos, sentados en una mesa cercana, no se percatasen de lo que estábamos tramando. De todos modos, esos mamones parecían estar en horas bajas: al parecer, uno de sus miembros, la mujer de aspecto salvaje que vestía de forma indecorosa, no había regresado de la última incursión. Menuda imbécil: tal vez pensaba que un bikini de malla iba a protegerla como una coraza. Sinceramente, me alegré de que a ellos les fuera tan mal como a nosotros.

Estos son los Cometas Rojos. Menudos perdedores.

Una hora antes del amanecer, nos deslizamos sin hacer ruido fuera de nuestra habitación. Emeralde se acercó sigilosamente a la somnolienta pareja de guardias y, antes de que pudieran verla, lanzó un conjuro de Sueño, sumiéndoles en un profundo trance que aprovechamos para liberar al zanguango del cepo usando una palanqueta.
Montamos a la extenuada criatura en nuestra mula, Larry, que parecía estar bastante nerviosa y se resistía y coceaba sin cesar. Sospecho que el olor del zanguango ponía nerviosa a la bestia; pese a lo cual logramos que aceptase llevarle a su lomo. En silencio y tratando de evitar que nadie nos viese, nos pusimos en marcha, emprendiendo camino inmediatamente hacia Barrowmoor. Esto significaba que no podíamos esperar para recoger a nuestro guía ni tampoco al diestro Filthas, al cual no veíamos desde el día anterior. Tampoco podríamos recoger las pociones y el agua bendita que, presuponíamos, nos habrían enviado desde el templo de San Ygg en Ironguard.
A pesar de no contar con el buen Hendon, Lía demostró ser una guía capaz, así que cruzamos la ciénaga sin demasiados contratiempos. Durante el largo viaje traté de comunicarme con el zanguango, pero su desconocimiento de la lengua común y su limitada inteligencia hicieron imposible sacar demasiado en claro. De todos modos, lo bauticé como Willy.
Llegamos a Barrowmoor tan pronto que la niebla nocturna aún no había terminado de retirarse del todo. A lo lejos, incluso divisamos a un grupo de zombis caminando lentamente entre la bruma, dirigiéndose en dirección este. Los observamos desde la seguridad que nos ofrecía la linde de los árboles. Apenas hubieron desaparecido de la vista, el zanguango salió trotando hacia el sur de la explanada, moviéndose de un lugar en donde esconderse a otro. Parecía evidente que conocía muy bien el terreno.

Resulta muy fácil desorientarse en el páramo de Barrowmoor...

Sin tiempo para más planes ni preparativos, salimos corriendo tras él, tirando de las riendas de Larry. Le alcanzamos cuando se agazapó junto al gran monolito que habíamos visto otras veces, al sur de la entrada principal a Barrowmaze. Allí se detuvo un rato, mirando a su alrededor. La piedra parecía servirle como atalaya para orientarse en este páramo plagado de montículos casi idénticos. Finalmente, nuestro jorobado amigo se dirigió a la carrera en dirección este, hasta llegar a un túmulo cuya puerta había sido destruida hacía mucho tiempo. Tirando con fuerza de las riendas de nuestra reticente mula, apenas nos dio tiempo de seguirle, tratando en vano de razonar con él para que nos esperase.
En el interior del túmulo había un sarcófago, con los laterales profusamente decorados con pequeñas figuras de guerreros y damas. El zanguango hizo girar la cabeza de una de las figuras que decoraban uno de los costados y se escuchó un chasquido, seguido por el sonido de un mecanismo y el crujido de las losas deslizándose a un lado, al tiempo que el sarcófago mismo se abría para dejar ver un pasaje descendente, sumido en las tinieblas.
Sin esperarnos y antes de que se nos ocurriera retenerle, el zanguango se lanzó corriendo hacia la oscuridad; aparentemente para él la ausencia de luz no suponía problema alguno. Nosotros nos vimos retrasados por tener que encender unas antorchas antes de bajar; además, nuestra mula no parecía tener ninguna gana de seguirnos y hubo que forzarla a hacerlo. Emeralde y Lía expresaron sus objeciones a internarnos sin precauciones en Barrowmaze, puesto que parecía evidente que lo que acabábamos de descubrir era otra entrada a la necrópolis. Por el contrario, Irina y yo queríamos aprovechar la oportunidad para contactar con los zanguangos, si es que de verdad había una tribu de estas criaturas viviendo en el subterráneo. Expusimos que contar con los zanguangos aliados podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte en ese lugar. Ellas, por su parte, contraargumentaron acertadamente diciendo que nada nos aseguraba que las criaturas nos fueran a recibir pacíficamente después de haber sido atacados por los hombres de Krothos. Finalmente, acordamos explorar el pasaje, si bien decidimos que nos quedaríamos a una distancia prudencial de la salida, por si acaso se hacía necesaria huir apresuradamente.
Irina y yo marchamos en cabeza, con Emeralde y Lía quedándose unos metros más atrás con Larry. Nos internamos por un pasillo siguiendo las huellas del zanguango, hasta llegar a un pasillo en forma de T. Parecía que nuestro pequeño amigo se había dirigido hacia la izquierda, a través de un largo pasillo salpicado por escombros y cascotes desprendidos del techo. Dándonos cuenta de que la zona no era demasiado segura, avanzamos pisando por los mismos lugares en los que los pies descalzos del zanguango habían dejado huellas. Parecía que esta vía era usada con relativa frecuencia, puesto que había otros rastros similares marcados en el polvo. Lía se quedó atrás con Larry, puesto que cruzar el pasillo llevando a rastras al animal parecía demasiado arriesgado.
Tras sortear la zona de escombros, Irina y yo llegamos a un cruce. Ante nosotros, los pasillos se internaban en la oscuridad en tres direcciones. El rastro del zanguango giraba hacia la izquierda, y hacia allí nos encaminamos sin dilación. Tras apenas unos pocos metros más, el pasillo se abría a una sala grande y de techos muy altos. A un lado vimos lo que parecía ser una enorme estatua, que parecía encontrarse bastante dañada. Nos pareció que la mayoría de los rastros continuaban cruzando la sala para salir por el extremo opuesto, pero no tuvimos tiempo de fijarnos en si nuestro pequeño amigo había tomado esa dirección, puesto que un movimiento y un leve zumbido procedente de los restos de la estatua llamaron nuestra atención. En ese momento, una criatura asquerosa, una mosca carnívora del tamaño de un perro, tal vez incluso mayor, surgió de una oquedad, alertado por la luz de la antorcha de Irina. El zumbido procedía de sus alas membranosas, que se movían a gran velocidad a intervalos regulares. A la primera mosca la siguieron otras cuatro o cinco, pero no nos quedamos tanto tiempo a mirar cuántas eran. Irina y yo comenzamos a retroceder lentamente, sin darles la espalda a los monstruosos insectos. Por fortuna, parecían concentrar su atención en algo que había entre los cascotes formados por los restos de la estatua; no nos quedamos para ver qué es lo que era. Por su bien, espero que no fuera nuestro amigo el zanguango. En cuanto alcanzamos la encrucijada, en donde nos esperaba Emeralde, salimos por piernas y no dejamos de correr hasta haber salido del subterráneo. Girando de nuevo la cabeza del esqueleto de piedra que servía como llave del mecanismo, el sarcófago se movió, cerrando el acceso.
Emeralde y Lía no estaban demasiado contentas: dijeron que Irina y yo nos habíamos arriesgado demasiado. Tal vez tengan razón, pero yo creo que que mereció la pena. Ahora no solo conocemos de otro acceso a Barrowmaze, sino también que ese camino está vigilado por unas criaturas vulnerables a ese conjuro de Sueño que tan efectivo había resultado ser con los guardias.
En todo caso, al salir del túmulo agradecí a los dioses volver a estar bajo el pálido sol que brillaba esta mañana sobre Barrowmoor. Decidimos volver a inspeccionar el túmulo del que habíamos tenido que huir apresuradamente el día anterior. Nos acercamos a la zona con precaución para asegurarnos de que el juju se había marchado. No le veíamos por ningún lado y llegamos sin novedad hasta el túmulo, pero en ese momento el juju salió de OTRO túmulo cercano. La ladina criatura nos había engañado. A sabiendas de que tarde o temprano tendríamos que enfrentarnos al él, avanzamos confiando en que la magia de la espada de Emeralde fuera capaz de superar su inmunidad a las armas. Yo traté de expulsarla, pero el juju parecía ser inmune a mis poderes, tal terrible son estos seres inmundos. Irina se lanzó hacia adelante con la agilidad de una gata, arrojándole a la fiel Haruma, cuyo filo hendió de nuevo su carne putrefacta. Con la cara desencajada en un rictus de furia, el muerto viviente avanzó para golpearla pero yo me interpuse entre ambas, recibiendo el terrible impacto de su golpe. Sus afiladas garras lograron encontrar mi cuello y por poco me arrancan la tráquea. Caí hacia atrás herido, dispuesto a ofrecer mi vida por mi amada compañera. Gracias a los dioses, en ese momento entró en acción Emeralde, enarbolando su espada sobre su cabeza como si fuera una terrible diosa de la guerra.
Lo que sucedió a continuación fue algo digno de ser cantado por los juglares, puesto que Irina y Emeralde comenzaron a luchar, flanqueando al juju y luchando con tal compenetración que, cuando trataba de atacar a una de ellas, recibía una estocada de la otra. Desbordado por sus acertados ataques, las dos jóvenes despacharon al juju en cuestión de segundos.
Mientras tanto, Lía se había quedado algo más atrás, pero eso no le libró de ser atacada por sorpresa por otro zombi, que surgió del interior del túmulo que habíamos dejado a la espalda ¡Se trataba de nuestro antiguo camarada, Holman! Nuestro horror fue grande cuando vimos cómo le colgaban los intestinos por fuera de su vientre abierto, su cota de mallas rasgada por mil lugares por las negras garras del zombi juju.
Horrorizada por enfrentarse a nuestro camarada caído, Lía no fue capaz de completar la oración que había comenzado a musitar con objeto de expulsar a la criatura. Las palabras enmudecieron en sus labios y fueron sustituidas por una mueca de asco y miedo, lo que el zombi aprovechó para llegar hasta ella y derribarla de un fuerte golpe. Lía quedó inconsciente, y el zombi que había sido Holman se inclinó sobre ella para terminar el trabajo ¡Pero, de nuevo, la fiera Emeralde surgió a la carrera y golpeó a la criatura! Un instante después, yo mismo llegué hasta la caída e indefensa Lía y la protegí con mi escudo, tal y como debe hacer todo buen camarada digno de dicho calificativo. La eficaz Emeralde despachó al desdichado Holman con facilidad, tras lo que pudimos cargar en las alforjas de Larry dos de las enormes ánforas que nos habíamos visto obligados a dejar atrás la víspera. Era hora de regresar a Helyx, en donde tal vez nuestro delito, liberar al zanguango, no habría pasado inadvertido...

26/4/21

SolarBlades&CosmicSpells - Hoja de nave editable

Y la hoja de las naves (¿Ya os he dicho que uno de los dos jugadores de mi partida va a llevar a la nave del otro?)


24/4/21

Barrowmaze (sesión 8) - Este sitio me da juju

Saludos, extraños.
No hubo una gran ceremonia para la pobre Eren quien, estábamos seguros, de todos modos hubiera preferido un sepelio sencillo y discreto. Así era ella… al menos por el poco tiempo que la conocí. Dejamos su cuerpo en el templo de San Ygg para que recibiera sagrada sepultura y Lía y yo comenzamos a beber en la taberna, con aire taciturno. Nuestras bajas comenzaban a pesar en nuestro ánimo. Tan solo algunos de los Batidores de Ulec se acercaron a inquirir por nuestra compañera caída, en concreto el amable Keelgo, el enano. Por suerte, los Cometas Rojos y los Susurrantes del Norte no estaban presentes para regodearse en nuestra desgracia.
Esta vez parecía ser el final de nuestra empresa aventuresca. Lía no terminaba de fiarse de mí y, siendo solo dos, no parecía que pudiéramos seguir afrontando la exploración de los túmulos de Barrowmoor. Y entonces… la solución entró caminando por la puerta.
Dos mujeres, una humana de pelo pajizo y delgada como un látigo acompañada de una elfa de exuberante cabellera rojiza, abrieron de golpe la puerta de la Puta de Bronce. Ambas llevaban al cinto espadas de bruñido acero y parecían ser avezadas aventureras. Una súbita idea cruzó mi mente y propuse a Lía que tratásemos de reclutarlas para los Iluminados de Ygg, así que no tardamos en invitarlas a nuestra mesa antes de que algún otro tuviera la misma idea.
Las mujeres resultaron llamarse Emeralde (la elfa pelirroja) e Irina (la humana rubia), y afirmaron haber llegado a Helyx para unirse a un grupo que tuviera la intención de explorar Barrowmaze.
Pese a que se negaron a firmar el contrato de aventureros que había hecho redactar Larry, accedieron a acompañarnos. Después, ambas mujeres demostraron a los presentes que realmente sabían cómo divertirse, dejando impresionados tanto a Keelgo como a una elegante maga elfa de refinados modales cuyo nombre ahora no recuerdo, aunque por motivos bien distintos.

Esta es la fogosa Emeralde.

Desde luego, Emeralde no es la elfa que uno cabe esperar, puesto que maldecía (y bebía) como un carretero, a menudo intercalando comentarios en lengua enanil que debían ser bastante graciosos, puesto que Keelgo no paraba de reírse, mientras ambos miraban de soslayo a alguno de los presentes. Por su comportamiento parecía ser una fiera guerrera, pero un libro de magia sujeto a su costado con cintas de cuero denotaba que era mucho más de lo que parecía a simple vista. Irina, por su parte, es mucho menos llamativa. La joven parece ser la típica ladrona, tal vez una buena sustituta para la pobre Eren, ligera de pies y de finos dedos, capaces tanto de abrir cerraduras como de birlarte la bolsa sin que te des cuenta. Durante un momento pensé en preguntarle directamente por su ocupación, pero un peligroso brillo en su mirada me dio a entender que hacerlo hubiera sido una pésima idea.

Y esta es Irina. No os fieis de su carita de no haber roto un plato.

Antes de irnos a dormir salí a dar un paseo nocturno. Mis pasos me llevaron hasta las ruinas situadas al norte de Helyx, un lugar del que había oído hablar de boca de mi mentor. Allí, entre lo que en su día debió ser un antiguo templo, percibí claramente la presencia de mi dios, dejándose sentir en el frío viento que ululaba entre las piedras, el único sonido que rompía el sepulcral silencio reinante. En ese momento tomé la decisión de volver a consagrar el templo; pese a la presencia del flamante templo de San Ygg estoy seguro de que muchos en Helyx no pueden haber olvidado a los viejos dioses.
Regresé a la posada, en donde nuestras nuevas amigas seguían de fiesta. Poco después, Lía se despidió y se marchó a dormir al templo de San Ygg, mientras que Emeralde e Irina se instalaron conmigo en mi cuarto, dado que el resto de las habitaciones se encontraban ocupadas. Antes de dormir les dejamos rebuscar entre las posesiones de Hanz, Larry, Eren y los demás miembros caídos de nuestro grupo, para que cogieran lo que pudieran necesitar. Los ojos de Irina relampaguearon con placer mientras hacía girar en su mano a Haruma, la fiel (la daga mágica de Eren, que retorna a la mano cuando es arrojada), haciendo gala de una destreza que ponía de manifiesto su habilidad con las armas. Emeralde, por su parte, cogió los libros de conjuros del difunto Larry y comenzó a hojearlos con avidez, confirmando que, a pesar de sus rudos modales y su comportamiento más propio de una barragana de Ironguard que de una estudiante de las artes arcanas, la elfa es mucho más de lo que lo que parece a primera vista. No deseoso de asustar a las dos jóvenes con mi aspecto, esperé a que apagasen la luz antes de quitarme la máscara y echarme a dormir hecho un ovillo.
Al día siguiente pusimos en práctica lo que habíamos convenido la noche anterior. Colocamos sobre una mesa todos los objetos que habían sido recuperados en Barrowmoor hasta la fecha y pedí a mi dios que me mostrase cuáles de ellos poseían cualidades mágicas. Después, Emeralde recurrió a sus propios conjuros para identificar las propiedades de un bacinete alado hallado un par de días antes: resultó ser un objeto asombroso, capaz de permitir a su propietario sostenerse en el aire, sin ningún otro apoyo. Fingiendo modestia, Lía lo reclamó para sí, murmurando algo sobre lo bien que conjuntaba con su armadura. Aunque ella lo negará, vi brillar un destello de codicia en su mirada. No puedes timar a un timador, querida...
Tras reunirnos con Hendon a la salida del pueblo, nos pusimos en marcha y tomamos el camino largo hacia Barrowmoor, llegando allí por el extremo occidental de la explanada. Dejamos a Larry, nuestra mula, al cargo del molinero, y nos dirigimos a la zona sur, dando un amplio rodeo para evitar el túmulo en donde se abre la entrada a Barrowmaze, en donde se divisaba un solitario centinela montando guardia ante la puerta. Después del aviso recibido el día anterior de que no nos querían ver por allí queríamos evitarnos problemas con los soldados que acompañaban a Krothos, Escroto o como demonios quiera llamarse el hijo del Duque de Ironguard.
Encontramos un túmulo algo alejado y comenzamos a romper la losa de piedra que bloqueaba la puerta a mazazos. Al escuchar el ruido de nuestros golpes contra la piedra, a lo lejos, el guardia junto a la entrada a Barrowmaze giró su cabeza y comenzó a moverse lentamente hacia nosotros.
Mientras tanto, registramos el túmulo, que resultó ser bastante pequeño. Apenas encontramos ocho ánforas de gran tamaño que rodeaban un único sarcófago. Las apartamos a un lado y yo comencé a mover la lápida con ayuda de una palanqueta pero, en cuanto logré abrir un pequeño hueco, una mano surgió de la oscuridad del nicho y terminó de apartar la pesada losa, haciendo gala de una gran fuera. Se trataba de un zombi que se incorporó, quedando sentado en su tumba. Inmediatamente le golpeé con la palanqueta que llevaba en la mano, pero sin ningún efecto. El zombi contestó a mi ataque asestándome un revés con su mano, tan fuerte que hizo saltar mi máscara de metal, mandándola a un extremo de la cámara. Corrí a recogerla de nuevo, aunque creo que Irina llegó a vislumbrar mi rostro.
Por suerte, mis compañeras dieron cuenta rápidamente de la criatura, con tres certeros golpes que dejaron claro que tanto Emeralde como Irina son unas guerreras más que competentes, si bien Lía no les iba a la zaga [los tres jugadores sacaron sendos 20 naturales en sus tiradas de ataque; toda una exhibición de destreza]. El zombi fue golpeado, asaetado y decapitado limpiamente, y su cuerpo se derrumbó como una marioneta a la que le han cortado los hilos. A pesar de sus andrajos, el cadáver aún lucía algunas joyas, entre las que destacaba un amuleto en forma de escarabajo y un grueso anillo de oro. Las ánforas que rodeaban el sarcófago también parecían valiosas, puesto que estaban primorosamente decoradas; si bien su volumen hacía difícil que pudiéramos transportarlas de vuelta a Helyx, al menos de una sola vez.
Mientras los demás comprobaban las paredes en busca de puertas secretas, yo salí afuera a respirar un poco de aire fresco, puesto que aún me dolía la cabeza después del guantazo que había recibido en pleno rostro.

En ese momento vi que el soldado que se dirigía hacia nosotros, en realidad era un putrefacto zombi que venía arrastrando lentamente los pies. Llamé a Lía, deseoso de verla de nuevo en acción: su devoción hacia San Ygg la convertían en una experimentada exorcista que ya había demostrado anteriormente la fuerza de su fe. Confiando en nuestra habilidad marcial, cometimos el error de dejar acercarse a la criatura, convencidos de que no era rival para nuestra superioridad numérica. Para mi vergüenza, admito que incluso llegué a bromear con la idea de usar al zombi como blanco para practicar el tiro con arco ¡Los dioses pronto iban a castigarnos por nuestra arrogancia!
Cuando ya apenas se encontraba a unos pocos metros, de pronto la criatura abandonó toda impostura de torpeza simulada y se movió a una velocidad endiablada, atacando a Holman, quien había salido a su paso con la intención de interceptarla. Ambos se trabaron en combate y Holman no tardó en hundir profundamente su espada entre las costillas del zombi… ¡Sin efecto alguno! De pronto, el pobre Holman se vio luchando a la defensiva. Acudimos prestamente en su auxilio para descubrir, con sorpresa y horror, que la criatura era inmune a nuestras armas; tan solo la mordedura de la fiel Haruma, hábilmente lanzada por Irina, logró hacer que la criatura cambiase el rictus por una momentánea mueca de dolor. Viéndonos superados, alguien gritó dando orden de retirarnos. En el caos de la refriega, Irina volvió a arrojar la daga mágica contra el zombi pero, para nuestro horror, su hoja se hundió profundamente en el cuello de Holman antes de regresar de nuevo a su mano, manchada con la sangre de nuestro amigo. El guerrero cayó al suelo mientras el zombi se cebaba con él, arrancando con sus manos desnudas pedazo tras pedazo de su cota de mallas y más tarde de su carne, pedazos que se llevaba a la boca con expresión golosa. Aprovechando que la criatura centraba toda su atención en Holman, los demás huimos en desbandada para reagruparnos unos cientos de metros al norte. Parecía que la criatura, a la que alguien denominó «zombi juju» (al parecer una variante mucho más poderosa del zombi común), no nos había perseguido. Durante nuestra apresurada retirada pasamos junto a la entrada de otro túmulo que no habíamos visto en nuestras exploraciones previas, pero no nos detuvimos a comprobar su estado.
Escapamos hasta el lindero de la ciénaga y pedimos explicaciones por lo sucedido a Irina. Ella aseguró que había sido un accidente fruto de la agitación del momento, y los demás tomaron su palabra como buena, aunque el elfo Filthas no parecía demasiado convencido y la miraba con expresión escéptica. De todos modos, creo que yo tampoco le quitaré un ojo de encima; definitivamente hay algo peligroso en esta joven.
Tras recuperar el aliento y recuperarnos del susto sufrido, decidimos explorar la zona norte de la explanada, sin alejarnos mucho del lindero de la ciénaga, por si acaso al juju le entraba hambre de nuevo y venía a buscarnos. Allí descubrimos otro túmulo. Nos arriesgamos a hacer ruido que pudiera atraer atención indeseada y rompimos la losa a martillazos, encontrándonos en un túmulo de forma más o menos octogonal. En su centro, una espada reposaba sobre una especie de altar, cubierta por una espesa capa de polvo. Algunas paredes contenían hermosos frescos en los que un grupo de caballeros llevaban a cabo grandes gestas y, a su alrededor, varios nichos contenían esqueletos ataviados con armaduras, en pie y prestos para el combate.

¿Como pa atreverse a tocarla, verdad?

Sujetamos con fuerza nuestras armas pero, para mi sorpresa, los esqueletos no se movieron. Avanzamos con precaución, mientras mirábamos la espada, a todas luces mágica o, al menos, bastante valiosa. Los esqueletos siguieron estáticos pero, por precaución, Lía reclamó de nuevo el auxilio de San Ygg y la sala se llenó de su divino resplandor, al tiempo que los esqueletos huían al fondo del túmulo, tratando de alejarse todo lo que les era posible de la clériga. Atrapados contra el muro posterior, acabamos con ellos sin dificultad empleando armas a distancia y así Emeralde pudo recoger la espada, que pese al tiempo pasado en esta lóbrega cripta seguía estando extremadamente afilada. Mientras, yo comencé a examinar los frescos de las paredes. En ello estaba cuando Irina hizo un descubrimiento sorprendente: en uno de los nichos, el yeso del fondo se había resquebrajado, dejando ver que detrás del mismo había un hueco. El aire surgía a través del mismo, haciendo presuponer que se trataba de un espacio muy grande. Arrancamos un poco más del yeso e Irina lanzó dentro una antorcha. El fulgor se perdió a medida que la tea caía rebotando por lo que parecía ser un estrecho pasillo descendente ¡Habíamos encontrado otra entrada a Barrowmaze!
Apilamos los escudos de los esqueletos contra el falso fondo, tratando de ocultar lo que habíamos encontrado por casualidad. Por ahora no teníamos planeado descender a las profundidades de Barrowmaze, pero tampoco queríamos que nadie más encontrase el acceso y se aprovechase de nuestro descubrimiento... ¡Que los Susurrantes del Norte sigan tratando de abrirse paso por el nido de las arpías necrófagas!
Emprendimos el viaje de retorno a Helyx, para descubrir que los Cometas Rojos y los Susurrantes también habían regresado. Tal vez se habían cansado de esperarnos si, tal y como sospechábamos, su intención había sido emboscarnos en la ciénaga.
La expedición de Krothos también regresó bien pasado el anochecer, arrastrando tras de sí a una extraña y deforme criatura, a la cual llevaban atada con una soga y hacían caminar a golpes. Era un zanguango, una raza de mutantes cubiertos de deformidades. Sin embargo, su fealdad no implica que sean malvados, o al menos no siempre es así. Lo que estaba viendo, vera alguien tratado de esta manera, me desagradaba en extremo. Advertí en el rostro de mis compañeras que, al igual que yo, no aprobaban el trato que estaba recibiendo ese desgraciado.
Krothos y lo que quedaba de sus hombres se dirigieron directamente al burdel, mientras nosotros les mirábamos desde el umbral de la posada. Regresamos a nuestra mesa mientras en mi mente se dibujaba el esbozo de un plan: envié a Emeralde y a Irina al burdel, para que intentasen contactar con la criatura. Si, como yo sospechaba, el zanguango habitaba en Barrowmaze, podía tratarse de una valiosísima fuente de información sobre la necrópolis.
Cumpliendo mis órdenes, las dos jóvenes se dirigieron al burdel, donde pronto entablaron conversación y gozaron de una gran popularidad entre la soldadesca de Krothos (al menos, eso es lo que me ha comentado Bollo, el posadero). Los motivos para tal popularidad no deseo saberlos, puesto que no son de mi incumbencia.
Después de que Emeralde e Irina se marchasen y, como siempre que me quedo a solas con Lía, se hizo un silencio incómodo entre ambos. Me temo que no he logrado «conectar» con la clériga. Es una lástima: tanta devoción y pasión desaprovechadas sirviendo a una deidad tan ingrata como San Ygg… Si tan solo pudiera hacerla sentir el poder y el amor de mi dios durante un instante... Lía podría ser TAN útil sirviendo a mi señor...
Deseoso de evitarnos una situación incómoda para ambos, me despedí de ella y aproveché para salir a dar otro paseo y regresar de nuevo a las ruinas al norte, donde localicé los restos de lo que en su día debió ser un altar. Satisfecho por mi hallazgo, me dije a mí mismo: «Sobre esta piedra edificaré mi iglesia». Señalé el lugar y regresé a la posada, en donde encargué a Bollo que me buscase una cuadrilla de aldeanos que desbrozasen la zona.
Un buen rato después, Irina y Emeralde regresaron al fin. Nos contaron que habían logrado hablar con la criatura, pero que ésta apenas parecía comprender la lengua común. Sea como sea, ese idiota de Krothos tomó la decisión de colocarla en un cepo en la plaza mayor del pueblo, vigilada por apenas dos guardias. Esa iba a ser, sin duda, nuestra mejor oportunidad para liberarla…

19/4/21

SolarBlades&CosmicSpells - Hoja de PJ editable

Un apaño de hoja editable para poder jugar online a ese peaso juego que es Solar Blades&Cosmic Spells.


16/4/21

SISTEMA SIMPLE - Un microjuego muy resultón

Un plagio/hack/expansión de A Tiny Shortsword, un juego minimalista bastante simpático que ha llegado a mis manos. Puede que lo use para jugar UVG o alguna locura similar.


7/4/21

Barrowmaze (sesión 7) - Misterio para tres (bueno, para dos)

Saludos, extraños.
Esa noche dormimos con un ojo abierto, incluso dentro de la seguridad de la posada. Tras el encontronazo con los Cometas Rojos, teníamos la certidumbre de que las cosas no iban a quedarse así, como pronto descubriríamos.
Antes del amanecer alguien llamó a la puerta de la habitación. Se trataba de Keelgo, nuestro buen amigo enano de los Batidores de Ulec. Nos quiso avisar de algo que había oído sin querer a los Cometas Rojos y los Susurrantes del norte, algo sobre tender una emboscada en la ciénaga...
En ese momento, escuchamos el sonido de un cuerno en el exterior de la posada. Al asomarnos a la ventana, vimos que un tipo (que luego me dijeron que se llamaba «Escroto», o algo así) capitaneaba a un contingente de soldados formados, que se dirigieron hacia el sur o, lo que es lo mismo, hacia Barrowmaze.
Inmediatamente la posada se convirtió en un hervidero de actividad, con todos los aventureros presentes preparándose para partir inmediatamente. Nos reunimos con Hendon, nuestro guía, en el lugar acostumbrado. Los Cometas y los Susurrantes se nos habían adelantado y le comentamos la posibilidad de que alguien nos tendiese una emboscada en la ciénaga. Él pareció pensativo durante un momento y nos propuso tomar una ruta indirecta hasta Barrowmoor, dando un rodeo y evitando el camino principal.
Aceptamos su propuesta y nos pusimos en camino, tirando de las riendas de Larry, la mula. La ruta era todavía mucho más penosa, y no tardamos en caminar por estrechas trochas cubiertas por un barro que nos llegaba hasta los tobillos. Nuestro guía tuvo que pensárselo varias veces, e incluso llegué a pensar que se había perdido.
En un momento dado, detectamos movimiento delante nuestro y detuvimos nuestro avance, ocultándonos entre los matorrales. Alguien se movía por la ciénaga, siguiente una senda más o menos perpendicular a la nuestra. Desde nuestro escondite vimos a alguien que parecía moverse ágilmente y, cuál no sería nuestra sorpresa cuando descubrimos que se trataba de Merda, una de las dos camareras de la posada en la que nos alojamos. Tras una rápida discusión (o no tan rápida), decidimos dejar atrás a Holman y Filthas junto con Larry y seguirla discretamente, aunque sus pasos parecían internarnos por una senda apenas hollada. Tras un rato llegamos a un pequeño claro dominado por una gran roca cubierta de musgo. Merda pareció buscar algo entre sus recovecos, tras lo que lanzó una mirada a su alrededor antes de ponerse en marcha de nuevo y desaparecer en dirección norte, posiblemente de regreso a Helix.
Hendon dijo reconocer el lugar en el que nos encontrábamos. Al parecer esta roca era usada como hito para orientarse en la ciénaga y se encontraba bastante cerca de Barrowmoor. Eren se adelantó y buscó por el lugar que había inspeccionado Merda ¡Encontrando un pequeño agujero en la roca! Dentro, un apretado canutillo con un pedazo de papel que fuimos incapaces de traducir. Vaya, vaya... ¿Qué es lo que se trae entre manos esta chica? Finalmente decidimos copiar el mensaje, dejando el original en su lugar. Fuera lo que fuera esto, no queríamos alertar al misterioso destinatario del mensaje, sea quien sea.
Tras reunirnos con Holman y Filthas, emprendimos de nuevo el saqueo la exploración de los túmulos de Barrowmoor. Decidimos volver a la zona oeste, con la esperanza de evitar encuentros con los demás grupos en el caso de que estuviesen rondando por ahí, pero no fue con ellos con quienes nos topamos, sino con varios soldados que montaban guardia en el gran túmulo que sirve de entrada a Barrowmaze. Cuando nos vieron, uno de ellos se acercó a y, de malas maneras, nos ordenó que nos marchásemos por orden del Duque. No queriendo granjearnos problemas con las autoridades, accedimos a marcharnos pero, en cuanto estuvimos fuera de su vista, buscamos otro túmulo que saquear, algo más alejado.
Tuvimos suerte, puesto que cerca del linde del bosque había un túmulo que aún no había sido violado explorado. Siguiendo lo que ya parece haberse convertido en el procedimiento habitual, rompimos la puerta con los pesados mazos que llevamos con nosotros. El hedor que surgió del interior apestaba a decadencia y humedad. Como de costumbre, Eren se internó primero, descubriendo que el túmulo estaba inundado por una filtración de agua subterránea. El agua parecía llegar por las rodillas, pero era negra y hedionda, y el peligro de caer en un agujero oculto muy real. Dos rejas, situadas a la izquierda y la derecha, bloqueaban el camino a sendas estancias laterales. Encendimos unas cuantas antorchas mientras Eren inspeccionaba el lugar y entonces... ¡Algo cargó violentamente contra la reja de la derecha! ¡Zombis! En efecto, al menos seis de estas criaturas se apelotonaban contra la deteriorada reja mientras extendían sus brazos hacia nosotros a través de la reja. Sus ojos, anhelantes de carne y sangre viva, me resultaban casi hipnóticos. La muerte; ese es el inevitable futuro que nos espera a todos nosotros, ricos y pobres, buenos y malos. La muerte nos iguala a todos.
Alguien me sacó de mis ensoñaciones sacudiéndome y haciendo notar que la oxidada reja que retenía a los muertos vivientes no iba a resistir muchos empellones más. En ese momento Lía avanzó sujetando su símbolo en alto y San Ygg respondió a sus plegarias. Su símbolo estalló con un resplandor sagrado y la luz hizo retroceder a los zombis, que se retiraron al fondo de la cámara. Sin perder un instante, Eren y Filthas dieron buena cuenta de ellos con sus flechas desde la reja. Cuando terminamos con ellos, forzamos lo que quedaba de la oxidada reja y entramos en la cámara, pero por desgracia no encontramos nada de interés.
En ese momento yo sentí un súbito ramalazo de inspiración, sin duda los dioses me guiaban, e inspeccioné la pared norte de la cámara principal, encontrando una puerta secreta tras la que se ocultaba una pequeña cámara con una urna funeraria y una cajita metálica, cerrada con una pequeña cerradura. Mientras, mis compañeros habían forzado la reja de la segunda cámara en la que, excepto por un par de sarcófagos de piedra, no parecía haber nada de interés.
Una vez fuera del túmulo, constatamos que la caja metálica estaba cerrada. Eren trató de forzarla con una ganzúa y, en ese momento... acaeció la desgracia.
Eren apenas dijo un leve ¡Ay! y miró fijamente la yema de su dedo, en la cual podía verse una pequeña gota de sangre. La simpática joven se derrumbó y murió en cuestión de segundos, sin que ninguno pudiéramos hacer nada por evitarlo. Al parecer, la maldita caja tenía una aguja envenada en la cerradura... ¡No en vano llaman a estas trampas la perdición de los ladrones!
Tras anotar la fecha y hora de la muerte, cargamos sobre Larry el cuerpo de Eren, cuya piel había adoptado un tono cerúleo, y regresamos a Helix, más tristes pero también más sabios. En el futuro no abriremos cajas de forma tan despreocupada. Por cierto, dentro de la dichosa caja había unos hermosos guantes, los cuales me apropié mientras Lía estaba despistada tratando de reanimar el exánime cuerpo de nuestra compañera. Ya lo decía mi padre: ¡El muerto al hoyo y el vivo al bollo!

4/4/21

HERALDO DE CORVIS #272 (ed. vespertina)


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